El espacio obscuro
Cada uno de nuestros cuerpos en el Mundo Andino Tropical del Pacífico es un espacio obscuro. El instante del silencio, de la noche del sueño sin memoria. Este espacio es el refugio de nuestra alma que durante el día confronta el mundo de los colores y formas o el mundo de los conocimientos y creencias, el mundo de la luz.
En los silencios interiores crecen y se fraguan nuestros miedos, nuestras necesidades, nuestro amores secretos intraducibles y nuestros amores expresos, que se manifiestan. Alla nuestro subconsciente vive el conflicto con los credos católicos y evangélicos que nos quieren encasillar en el odio lo diferente, con las doctrinas políticas liberales, socialistas y nacionalistas que nos llenan de ira contra lo considerado enemigo; se rumia el conflicto contra las culturas patriarcales, el machismo y las culturas hembristas de mujeres atrapando y vinculando a los que quiere controlar con formas sutiles o brutales de imposiciones en que la cultura, el peso de las tradiciones aprietan y asfixian, al mismo tiempo que quieren ser luz, iluminación, futuro, sendero y se llenan del sentido de colectividad al que nos debemos. Estas formas religiosas, políticas y culturales que pretenden ser la luz que nos guía se enfrentan entre sí y con las formas, los colores, el conocimiento, los cambios, que nos arrastran, nos hipnotizan, nos idiotizan, nos arrebatan en alma en triunfos o fracasos, nos enrollan en competencias o frustraciones, nos atribulan con parámetros, nos catalogan, nos llenan la boca de calificativos y los pensamientos de calificaciones, cifras, conceptos, valores, precios, información, razones, recuerdos, vicios, dependencias de cosas, personas o situaciones; este mundo de lo sensitivo del espacio exterior nos tiene atrapados en un vorágine de cambios. Hace solo 30 años los indígenas de la selva vieron llegar a los colonos en avionetas, como hace 500 años vieron llegar los indígenas de la costa a los conquistadores en carabelas y naos. Hace 20 años se terminaron los sabios con el Internet y 10 años atrás el rincón más apartado de los páramos se llenó de celulares que están cambiándolo todo, y es más importante una llamada que una comida, las niñas de Atacames en la playa se prostituyen por una tarjeta de llamadas y en el pueblo más pobre empezó a hablar de emigrantes, no a Quito sino a España, Italia, Estados Unidos, aparecieron suntuosas villas al estilo americano en los páramos y hasta se volvió más barato estudiar en Argentina que la universidad de las grandes ciudades del país.
En el espacio obscuro hay tres territorios que nos exigen, las piernas que no hacen recordar el tiempo, los órganos genitales y el estómago que nos recuerdan nuestra energía, nuestras pasiones nuestras debilidades nuestra cabeza, pulmones y corazón que nos recuerdan nuestras preocupaciones. En el cada vez mas enorme mundo urbano, que tiene ya atrapada a mas de la mitad de la población de nuestros países, caminar es un lujo un deporte, no una necesidad y como tal pensamos que el tiempo ha desaparecido en este paso veloz de los días, atrapados entre la televisión, las rutinas diarias y las deudas a pagar, el dinero resuelve el problema de ir de aquí para allá en transporte privado o publico que contamina y llega a todas partes. En tanto el los campos las distancias nos prueban, nos demuestran a diario nuestra edad.
Los órganos genitales y el estomago, es como nos manejan. En cada recodo del camino olvidamos quienes somos cuando podemos comer lo que nos gusta, y podemos ver o gozar de los estímulos sexuales que aparecen en la prensa, en la publicidad, en los almacenes, en la calle. Corremos tras esto y aquello pensando que en este siglo en que parece que todo está a la mano, que tener sexo aunque sea por Internet ya nos es difícil como lo fue en tiempos pasados, ni es vergonzoso masturbarse o las orgías, que parecen parte de la aventura de vivir, pero no coincide con la moral de la sociedad circundante, el placer se ve siempre tan lejano que se enquista en algún rincón obscuro de nuestro ser y por tanto no pasan de momentos imaginarios, impersonales, como la lectura de un libro, o el ver una película donde somos espectadores y no actores. Luego esta el contragolpe, la comida insuficiente, el sexo rutinario o su ausencia, la cotidianidad como parte de la supervivencia, los días sin memoria. El mundo del estomago se traduce en el autético valor de la existencia, vivir para tener para atrapar, para capturar, para cazar, para llenar la olla, para calmar el llanto y la incertidumbre. Esta energía vital de nuestro cuerpo que nos hace fértiles, feroces, fantasiosos; ronda las entrañas y hacen una escuela de supervivencia en el furioso oleaje del Pacifico, en las enmarañadas selvas del trópico, el amazonas y los bosques nublados en el mordedor frío de los Andes. En este mundo por el estómago, el útero y los genitales se crean los reales vínculos humanos, la familia.
El espacio obscuro del los pulmones el corazón, y el cerebro son el nido de los mensajes, la atmósfera de las palabras, en refugio de las razones y las sinrazones, el rincón de los aprendizajes, la medida de nuestras fuerzas físicas y sobre todo morales. Este obscuro espacio de palpitaciones, jadeos, se e enredan con los oídos pesares, y ceños, donde la lengua y la garganta se desparraman por los dedos y los ojos y los oídos, donde los olores nos llaman y nos encantan donde la palpación reconoce e inventa. En este mundo de vuelos nos aguardan los sustos, los pesares, las amenazas y los imaginarios propios y colectivos, los viejos duendes y fantasmas de una historia natural, una historia religiosa, una historia política, una historia personal, una historia tecnologica presta a sorprenderno y a atraparnos.
En los silencios interiores crecen y se fraguan nuestros miedos, nuestras necesidades, nuestro amores secretos intraducibles y nuestros amores expresos, que se manifiestan. Alla nuestro subconsciente vive el conflicto con los credos católicos y evangélicos que nos quieren encasillar en el odio lo diferente, con las doctrinas políticas liberales, socialistas y nacionalistas que nos llenan de ira contra lo considerado enemigo; se rumia el conflicto contra las culturas patriarcales, el machismo y las culturas hembristas de mujeres atrapando y vinculando a los que quiere controlar con formas sutiles o brutales de imposiciones en que la cultura, el peso de las tradiciones aprietan y asfixian, al mismo tiempo que quieren ser luz, iluminación, futuro, sendero y se llenan del sentido de colectividad al que nos debemos. Estas formas religiosas, políticas y culturales que pretenden ser la luz que nos guía se enfrentan entre sí y con las formas, los colores, el conocimiento, los cambios, que nos arrastran, nos hipnotizan, nos idiotizan, nos arrebatan en alma en triunfos o fracasos, nos enrollan en competencias o frustraciones, nos atribulan con parámetros, nos catalogan, nos llenan la boca de calificativos y los pensamientos de calificaciones, cifras, conceptos, valores, precios, información, razones, recuerdos, vicios, dependencias de cosas, personas o situaciones; este mundo de lo sensitivo del espacio exterior nos tiene atrapados en un vorágine de cambios. Hace solo 30 años los indígenas de la selva vieron llegar a los colonos en avionetas, como hace 500 años vieron llegar los indígenas de la costa a los conquistadores en carabelas y naos. Hace 20 años se terminaron los sabios con el Internet y 10 años atrás el rincón más apartado de los páramos se llenó de celulares que están cambiándolo todo, y es más importante una llamada que una comida, las niñas de Atacames en la playa se prostituyen por una tarjeta de llamadas y en el pueblo más pobre empezó a hablar de emigrantes, no a Quito sino a España, Italia, Estados Unidos, aparecieron suntuosas villas al estilo americano en los páramos y hasta se volvió más barato estudiar en Argentina que la universidad de las grandes ciudades del país.
En el espacio obscuro hay tres territorios que nos exigen, las piernas que no hacen recordar el tiempo, los órganos genitales y el estómago que nos recuerdan nuestra energía, nuestras pasiones nuestras debilidades nuestra cabeza, pulmones y corazón que nos recuerdan nuestras preocupaciones. En el cada vez mas enorme mundo urbano, que tiene ya atrapada a mas de la mitad de la población de nuestros países, caminar es un lujo un deporte, no una necesidad y como tal pensamos que el tiempo ha desaparecido en este paso veloz de los días, atrapados entre la televisión, las rutinas diarias y las deudas a pagar, el dinero resuelve el problema de ir de aquí para allá en transporte privado o publico que contamina y llega a todas partes. En tanto el los campos las distancias nos prueban, nos demuestran a diario nuestra edad.
Los órganos genitales y el estomago, es como nos manejan. En cada recodo del camino olvidamos quienes somos cuando podemos comer lo que nos gusta, y podemos ver o gozar de los estímulos sexuales que aparecen en la prensa, en la publicidad, en los almacenes, en la calle. Corremos tras esto y aquello pensando que en este siglo en que parece que todo está a la mano, que tener sexo aunque sea por Internet ya nos es difícil como lo fue en tiempos pasados, ni es vergonzoso masturbarse o las orgías, que parecen parte de la aventura de vivir, pero no coincide con la moral de la sociedad circundante, el placer se ve siempre tan lejano que se enquista en algún rincón obscuro de nuestro ser y por tanto no pasan de momentos imaginarios, impersonales, como la lectura de un libro, o el ver una película donde somos espectadores y no actores. Luego esta el contragolpe, la comida insuficiente, el sexo rutinario o su ausencia, la cotidianidad como parte de la supervivencia, los días sin memoria. El mundo del estomago se traduce en el autético valor de la existencia, vivir para tener para atrapar, para capturar, para cazar, para llenar la olla, para calmar el llanto y la incertidumbre. Esta energía vital de nuestro cuerpo que nos hace fértiles, feroces, fantasiosos; ronda las entrañas y hacen una escuela de supervivencia en el furioso oleaje del Pacifico, en las enmarañadas selvas del trópico, el amazonas y los bosques nublados en el mordedor frío de los Andes. En este mundo por el estómago, el útero y los genitales se crean los reales vínculos humanos, la familia.
El espacio obscuro del los pulmones el corazón, y el cerebro son el nido de los mensajes, la atmósfera de las palabras, en refugio de las razones y las sinrazones, el rincón de los aprendizajes, la medida de nuestras fuerzas físicas y sobre todo morales. Este obscuro espacio de palpitaciones, jadeos, se e enredan con los oídos pesares, y ceños, donde la lengua y la garganta se desparraman por los dedos y los ojos y los oídos, donde los olores nos llaman y nos encantan donde la palpación reconoce e inventa. En este mundo de vuelos nos aguardan los sustos, los pesares, las amenazas y los imaginarios propios y colectivos, los viejos duendes y fantasmas de una historia natural, una historia religiosa, una historia política, una historia personal, una historia tecnologica presta a sorprenderno y a atraparnos.
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